El papel del terapeuta

El terapeuta comienza a trabajar desde el momento en el que el paciente entra por la puerta de la consulta, fijándose en su postura, su forma de caminar, sus gestos, cómo se sienta, cómo se expresa. 

El tratamiento, colaborativo y centrado en el paciente, comenzará con la recopilación de los datos necesarios para elaborar una buena historia clínica, escuchando atentamente al paciente y extrayendo de su discurso cualquier información relevante, verbal y no verbal, que le permita construir una fotografía completa de los signos (objetivos) y síntomas (subjetivos) que caracterizan la patología del paciente.

A continuación, el terapeuta someterá al paciente a una serie de pruebas y test ortopédicos que le permitirán hacer una valoración precisa y cuantificada de la situación y formular un primer diagnóstico de las posibles causas que hay detrás de la patología del paciente, teniendo en cuenta todos los aspectos biopsicosociales que pueden tener alguna influencia en ella.

Seguidamente, el terapeuta comenzará a aplicar un tratamiento de prueba al paciente, que servirá para valorar qué posibles causas son más relevantes y si el tratamiento que se está aplicando tiene visos de ser efectivo para devolver al paciente a la situación de homeostasis.

Establecido el camino a seguir, el terapeuta combinará las terapias más adecuadas para las circunstancias del paciente al objeto de devolver a su cuerpo la funcionalidad necesaria para disfrutar de nuevo de las actividades de la vida diaria. Al mismo tiempo, instruirá al paciente para que realice ejercicios terapéuticos en casa que colaboren a acelerar y consolidar su proceso de recuperación.

Por último, el terapeuta reevaluará continuamente los progresos del paciente, reajustando el tratamiento en función de la evolución de su patología.