domingo, 24 de marzo de 2019

Mi historia como Fisioterapeuta

Si fuese algo más joven, se me podría preguntar, como en la canción, “qué hace un chico como tú en un sitio como éste”, pero hace ya muchos años que uno peina canas allá donde aún queda algo de pelo. Si quieren saber de dónde vengo y cómo he llegado hasta aquí, síganme en este pequeño viaje retrospectivo.

LA SEMILLA

Y para comenzar el viaje, tenemos que remontarnos al siglo pasado, hasta el año 1999, cuando trabajaba como Director de Marketing en una multinacional francesa.

Desgraciadamente, aquella experiencia no funcionó como esperábamos y la empresa me pagó un servicio de outplacement para ayudarme en mi transición a un nuevo empleo, dándome carta blanca para seleccionarlo yo mismo.

Tras visitar varias empresas de outplacement, me reuní con los máximos responsables de una de ellas. Después de escuchar atentamente mi historial profesional, el Director General me preguntó si quería encontrar UN trabajo o EL trabajo. Mi cara de póker fue más que evidente y entonces él me explicó: “si buscas UN trabajo, no nos necesitas, porque con tu currículum no tendrás ningún problema en volver a trabajar rápidamente; pero si estás buscando EL trabajo, ese que mejor se adapte a tu perfil profesional y a tus intereses, nosotros podemos ayudarte”.

No necesité seguir buscando y me puse en sus manos. Jamás me he arrepentido de mi elección y puedo decir que fueron unos meses de trabajo muy intenso y muy enriquecedor, que me obligaron a ponerme delante del espejo y a plantearme con toda crudeza, ¿qué quería ser cuando fuera mayor? Hasta ese momento, me había dejado llevar por la inercia de mi carrera profesional, pero había llegado el momento de tomar las riendas de mi destino y buscar MI trabajo ideal, aquél en el que mejor pudiera aportar todo lo que había aprendido y experimentado en el pasado y donde me pudiera sentir más identificado con mis funciones.

Para lograrlo, me dijeron que tenía que desarrollar tres líneas de búsqueda. La primera era un proyecto de continuidad, es decir, hacer lo mismo que había hecho hasta entonces en una empresa del mismo sector. La segunda era un proyecto de cambio, en el que debía buscar hacer lo mismo que había hecho hasta ese momento, pero en un sector nuevo. Y el tercero era un proyecto de ruptura, es decir, hacer algo totalmente diferente en un nuevo sector. Tendría que desarrollar los tres proyectos al mismo tiempo para maximizar mis oportunidades, porque nada podía garantizarme cuál de ellos podría cuajar antes.

He de reconocer que el vértigo fue enorme y el gran desafío fue ponerme en la situación de tener que empezar de cero en un territorio desconocido, con una mano delante y otra detrás. Fueron un montón de horas de introspección y manejando un montón de variables, pero al final lo tuve claro: tendría que ser algo que pudiera hacer por mí mismo y que, en la peor de las situaciones posibles, como podría ser una economía de trueque, tuviera un valor de mercado suficiente como para que mi familia pudiera seguir comiendo todos los días y viviendo bajo un techo.

Y así fue como encontré mi proyecto de ruptura: lo que más me gustaría es ser masajista.

LA GERMINACIÓN

Apenas tuve tiempo para desarrollar este proyecto porque a los pocos meses se hizo realidad mi proyecto de continuidad y comencé a trabajar como Marketing & Export Manager en una empresa multinacional que aunaba elementos de mis experiencias anteriores.

Pero la semilla ya había sido plantada y, aunque aún tuvieron que pasar unos años de duro trabajo, esa idea inicial fue germinando poco a poco.

En el verano de 2005, mi mujer escuchó un anuncio en la radio y me fui con mi familia a pasar 15 días de vacaciones en Lanzarote, dentro de un programa muy bien diseñado para desconectar totalmente de las rutinas del día a día. El truco estaba en llenarte todas las horas del día con actividades programadas. Una de esas actividades era una introducción al masaje tailandés, que me enganchó completamente y me hizo recordar mi idea de dedicarme a dar masajes. Pero en ese momento, por mi falta de tiempo, no hubo oportunidad de formarme en esa terapia.

Fue en el año 2007 cuando mi mujer localizó la Escuela Española de Masaje Tradicional Tailandés y me pude apuntar al curso de Experto, de un año de duración, que comenzaba en el mes de Septiembre, y en el que aprendí con Eduardo Velasco los estilos de Wat Po y Chang Mai, el trabajo con pindas herbales y la Reflexología Podal Tailandesa.

Pero ese verano, mientras estábamos de viaje descubriendo el Egipto de los faraones, al regreso de una excursión, me encontraba muy cansado y con dolor de espalda (siempre mi punto débil) y uno de nuestros compañeros de viaje se ofreció a hacerme una terapia para quitarme el dolor. Yo esperaba un masajito y me frotaba las manos, pero él apareció con un montón de herramientas, más propias de una sala de torturas, y se puso a presionarme puntos en la cara. No diré que fue una experiencia agradable, pero en menos de 5 minutos mi dolor de espalda había desaparecido. Mi compañero me explicó que era Facioterapia BQC y que había un curso programado para principios de Septiembre, así que decidí apuntarme sobre la marcha, cursando los tres primeros niveles con Bui Minh Tri, uno de los hijos del inventor de la técnica.

EL FLORECIMIENTO

Entre 2008 y 2012 comienzo una fase intensiva de formación en terapias aprovechando los fines de semana que me dejaba libre mi trabajo en una multinacional americana. Así, en 2009 terminé el curso de Reflexología Podal y un curso de introducción al Shiatsu, que me gustó tanto que me llevó a apuntarme ese mismo año en la Escuela Japonesa de Shiatsu de Madrid de Shigeru Onoda para cursar los 3 años de formación como Terapeuta de Shiatsu, que terminaría en 2012.

A finales de 2012, también completé los dos años de formación en Medicina Tradicional China y Acupuntura que impartía Alfredo Embid en la Asociación de Medicinas Complementarias.

En ese período también realicé cursos de Sotai, Kinesiotape y Reiki Usui Japonés.

A medida que mi formación iba avanzando, me fui dando cuenta de que dedicarme a tiempo completo a las terapias podría llegar a ser una buena salida profesional y, en 2011 me planteé una alternativa de futuro: que al cumplir los 55 años abandonaría mi estresante y vacía vida de ejecutivo agresivo de multinacional para montar una clínica y dedicarme totalmente a mejorar la calidad de vida de otras personas.

Esta alternativa fue poco a poco arraigando en mi mente y en mi corazón, hasta que un martes de principios de Diciembre, al salir de una clase de Shiatsu con el maestro Onoda, iba hablando con mi amigo David de que a él le faltaban horas para atender a todos los pacientes que le iban llegado por recomendación de amigos. Yo le expliqué que mi problema en esos momentos era que si cogía un paciente un día, no sabía cuándo podría volver a tratarle de nuevo porque mi trabajo me obligaba a viajar continuamente al extranjero. 

Y entonces, la alternativa que llevaba tiempo madurando en mi interior estalló y se convirtió en un deseo irrefrenable cuando le dije a David: “a ver cuándo me echan de la empresa y me puedo dedicar a tiempo completo a trabajar como terapeuta”.

El gran Paulo Coelho escribió en su libro El Alquimista: “cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño.” Ese mismo viernes, de forma totalmente inesperada, me dieron la carta de despido de la empresa y comencé una nueva aventura vital.

VÉRTIGO 

No voy a negar que, para una persona como yo, a la que le gusta planificar todo con antelación suficiente, comenzar de cero sin haber terminado de dar forma a mi proyecto resultó ser una decisión que me provocó bastante vértigo, pero decidí ponerme a prueba y a mediados de Enero de 2012 ya estaba haciendo mis pinitos como terapeuta con resultados muy prometedores.

Esto me animó mucho y mi mujer, que como habrán podido comprobar a lo largo de esta historia juega siempre un papel determinante en mi vida y me ayuda a mantener los pies en la tierra, me sugirió graduarme en Fisioterapia para poder tratar a los pacientes dentro de la legalidad vigente y ampliar mi abanico de posibilidades de conseguir un buen empleo. A mí me pareció que, teniendo en cuenta que mis planes me llevaban hasta los 55 años antes de dedicarme a las terapias a tiempo completo, bien podía dedicar 4 años a conseguir mi título de Fisioterapeuta, así que me puse a ello con el entusiasmo adolescente que me contagiaban mis compañeros de clase.

No fueron años fáciles, pero pude descubrir un mundo nuevo y apasionante que enriqueció mucho el bagaje que ya traía de las otras terapias y me aportó una buena sistemática de diagnóstico y nuevas herramientas de trabajo. También me di cuenta de que los enfoques oriental y occidental para el tratamiento de los pacientes no sólo son compatibles, sino que también son complementarios, se enriquecen mutuamente y, aunque con nombres diferentes, comparten muchas técnicas similares.

El curso de 2016 se cerró con el título de Graduado en Fisioterapia por la Universidad Autónoma de Madrid, un curso de postgrado en Síndrome de Dolor Miofascial y Tratamiento de Puntos Gatillo Miofasciales y un trabajo de fin de grado que se publicaría al año siguiente en la revista Disability Rehabilitation.

UN NUEVO HORIZONTE

En Julio de 2016 comienzo a trabajar en una clínica privada de Fisioterapia, compaginándolo con un centro de día para personas con deterioro cognitivo y, posteriormente, me incorporo a un nuevo proyecto de expansión de una clínica dental y a una plataforma de servicios de Fisioterapia a domicilio.

En el tercer trimestre de 2017, entro a trabajar en dos clínicas de Podología y Fisioterapia, al tiempo que hago sustituciones para el sector público en un colegio de educación especial para niños con trastornos de desarrollo psico-motriz y en el departamento de rehabilitación de un centro de especialidades asociado a un hospital público.

Y como la profesión está en continuo desarrollo, yo sigo en formación continua: curso de Experto en Terapia Manual Neuro-Ortopédica y postgrados en Valoración y Tratamiento del Sistema Fascial, Fisioterapia Vestibular, Control Motor de Zona Cervical y Cintura Escapular, Ejercicio Terapéutico Aplicado a la Zona Lumbo-Pélvica

Con mi mochila cargada con estas experiencias vitales y profesionales, decido en 2019 comenzar una nueva etapa abriendo mi propia consulta de Fisioterapia. Así nace Fisio Koshi, con el objetivo de ampliar mis servicios a la zona de Aluche, en la que viví durante más de 15 años y donde espero colaborar a mejorar la calidad de vida de mis vecinos. Y desde aquí, invito a todos los pacientes lectores de esta historia a experimentar una nueva forma de hacer Fisioterapia. Sean bienvenidos.