La clave para un buen diagnóstico es una buena anamnesis o historia clínica, en la que se recojan todos los datos relevantes del paciente dentro de un enfoque holístico o biopsicosocial que tenga en cuenta todas las dimensiones de la persona (la física, la emocional y la relación con su entorno).

Lo que es bueno para un paciente no tiene por qué funcionar igual para otro, por lo que la elección del tipo de tratamiento para cada paciente debe enfocarse a la resolución del origen de cada problema. Disponer de una buena caja de herramientas terapéuticas nos permite elegir y combinar las técnicas que mejor se adaptan a las necesidades de cada paciente en cada momento.