No existe evidencia científica de que una terapia más intensa sea más efectiva, por lo que, en la medida de lo posible, la intensidad del tratamiento se gradúa para trabajar en el límite de dolor agradable, es decir, en un punto en el que el paciente puede experimentar una molestia soportable, por debajo de la cual se suele sentir una sensación de alivio o liberación, pero sin llegar al dolor.

Normalmente, los pacientes acuden al fisioterapeuta porque sienten dolor y nuestro objetivo es que salgan de cada sesión con menor dolor del que entran, ya que el dolor, entre otras cosas, provoca más tensión muscular y puede colaborar al agravamiento de los procesos inflamatorios asociados.